La globalización de la solidaridad-Manuel Olimón Nolasco
El Universal
30-05-2001
MUY bueno ha sido que la repercusión del reciente consistorio de cardenales no ha quedado en el ya gastado tema de la "sucesión" de Juan Pablo II.
Más bien, en un sincero esfuerzo de reconocimiento de lo que hay y de lo que falta en este inicio de camino dentro del tercer milenio, se habló de que "no nos interesa una Iglesia de mantenimiento que sólo sirva para coser remiendos o desperfectos, sino una iglesia misionera que salga de los templos y las oficinas para anunciar el Evangelio".
Por consiguiente, después de haber revisado el pasado y pedido perdón con sinceridad, el año anterior en la Tierra Santa y hace unas semanas en Grecia y Siria, era conveniente mirar al futuro.
El punto de arranque lo señalaron dos cardenales franceses, miembros de uno de los episcopados más conscientes de los efectos de la secularización en los estilos de vida de las sociedades contemporáneas y en sus valores. Más que hacer llamados a lo que se vivía en otros tiempos, hay que fijarse en la sed de espiritualidad y de sentido que tiene la gente de nuestro tiempo, dijo el cardenal Etchegaray. El arzobispo de París, Jean-Marie Lustiger, hizo referencia a que en la larguísima historia de la humanidad, 2 mil años apenas son un pequeño trecho: "El anuncio del Evangelio está apenas en sus comienzos, despliega desde su corazón una fuerza de salud, de justicia y de paz que el mundo antiguo no imaginaba. Estamos apenas en el inicio de la era cristiana".
La anterior referencia concentra el significado de la reunión cardenalicia. Los hechos que hoy aquejan a la humanidad y han sido tocados en las intervenciones, piden una actitud de fondo, no superficial, piden la búsqueda de los elementos esenciales del tesoro que se tiene en las manos. Piden de igual manera ser afrontados no como amenaza sino como retos que han de asumirse con actitud joven.
La exhortación a la paz en el Medio Oriente, la realidad de los pobres y los efectos de la globalización piden actitudes nuevas y valientes, como las de los primeros cristianos ante el mundo que encontraron. Por ello, frente a la globalización de la economía, cuyos efectos positivos "todavía no se ven y en cambio sigue el empobrecimiento de las mayorías" (cardenal Juan Sandoval) la propuesta para la acción de la comunidad católica y de todos los que quieran escuchar una palabra que se pronuncia en libertad es la "globalización de la solidaridad" y la globalización de la ética, según las cuales los más favorecidos tienen obligación estricta de comprometerse con los menos favorecidos y hacerlos parte de la historia, en lugar de excluirlos.
El Universal
Pág. 31